Cerramos DigoDiego.es: los diputados ya pueden tuitear tranquilos ;)

Por Publicado el July 24, 2015 0 Comentarios
  • Versión corta:

Cerramos el proyecto DigoDiego.es 19 meses después de sacar este experimento debido al escasísimo número de tuits interesantes borrados por los diputados, a que debemos asignar más tiempo de trabajo a proyectos más prioritarios y a la incertidumbre que los nuevos cambios en los términos y condiciones de la API de Twitter generan en este proyecto, y que ya han llevado a cerrar la versión americana: Politwoops.

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  • Versión larga (con todo lo aprendido):

En diciembre de 2013 decidimos realizar un sencillo experimento y lanzar DigoDiego.es, una herramienta que permitía vigilar los deslices que cometen los diputados en Twitter, desvelando y recopilando los tuits que borran. “Una herramienta de entretenimiento y monitorización”, explicábamos entonces. Tras varios meses con la web en barbecho y sin actualizar, hemos decidido cerrar el proyecto. ¿Por qué? ¿Con el ruido que han levantado casos recientes como los tuits de Zapata o el no-borrado de tuits de la cuenta personal de Carmona? Pues te lo explicamos.

DigoDiego.es se basa en la web Politwoops, de la Sunlight Foundation, y cuenta con réplicas en más de 20 países. El éxito de la version americana (una de las 50 Mejores Webs de 2012 para TIME y con eco habitual en Hill, The Washington Post, Politico o Political Ticker de CNN) nos animó a llevar a cabo el test y, ya desde el mismo día de su lanzamiento, fue uno de los proyectos de Civio con más repercusión mediática: más de 60 medios -de El Mundo al ABC, el Huffington Post, La Vanguardia o la radio pública suiza– se hicieron eco de esta iniciativa, y más de 60 mil usuarios únicos han consultado la web hasta hoy. Un experimento light, pero no podemos dar la espalda a la evidencia: decir “tuit borrado” supone atraer al momento la atención inmediata de medios y lectores. Es lo que hay.

“Poca chicha”

Decidimos circunscribir el proyecto únicamente a los tuits borrados por diputados del Congreso. Una limitación autoimpuesta que suponía vigilar un número de cuentas acotado y tener un vision más centrada que si hubiésemos seguido las cuentas de cualquier politico, o las infinitas cuentas que los partidos mantienen en cada localidad, provincia, comunidad….

Con este sistema, cada día recibimos más de 50 avisos de tuits borrados por los diputados a los que seguimos. Ya desde el primer día constatamos la poca trascendencia que caracteriza a la gran mayoría de los borrados. Pese a que algunos vaticinaban el “fin de la espontaneidad de los políticos en Twitter” con la entrada en escena de DigoDiego.es, lo cierto es que la escucha activa de los diputados durante tantos meses nos confirmó que esta “espontaneidad” es relativamente escasa. La comunicación, la imagen personal, la identidad digital y la fidelidad a las consignas del partido están muy controladas, para bien y para mal. De cada cien tuits borrados, más de 90 se deben a que el autor quiere añadir un hashtag, añadir una mención a otra cuenta, redactar mejor el mensaje o corregir una falta ortográfica. Por norma, pasaban semanas y semanas hasta que se producía un borrado interesante: una promesa de la que se quiere eliminar rastro, un posicionamiento comprometido,… E, incluso en estos casos, el interés periodístico y social era muy bajo. El experimento empezaba a desmotivar incluso a los experimentadores.

La validación de los tuits borrados

El segundo problema es de procedimiento y moderación, que no resulta práctica. Debemos revisar uno a uno los más de 50 de avisos de borrado que recibimos diariamente y comprobar que se trata efectivamente de un borrado y no de un RT a un tuit de un tercero, artífice real de la eliminación del tuit. O asegurarnos de que un tuit borrado no ha sido sustituido a continuación por una corrección leve de estilo. Para más inri, algunos diputados usan aplicaciones para tuitear que nos envían falsos avisos de borrado que no son tal. Esos también los comprobábamos uno a uno.

Son los propios términos y condiciones de Twitter los que imponen que la validación se haga manual y no automáticamente. El proceso de comprobación se hace engorroso y nos exigía al menos una hora diaria. Además, añadir nuevas cuentas que podrían ser potencialmente más interesantes (las de candidatos o las cuentas de campaña que abren los partidos), como nos pedían muchos usuarios, resultaba impracticable. Siendo un equipo pequeño con muchos proyectos a nuestras espaldas, debemos centrarnos en líneas de acción más prioritarias para el fomento de la transparencia y el libre acceso a la información en España.

Twitter decide cambiar las políticas de uso

La puntilla llega el 3 de junio, cuando conocemos que Twitter ha comunicado a la Sunlight Foundation la revocación de las condiciones que desde 2012 hacían posible que Politwoops almacenase los tuits borrados por los políticos americanos a los que vigilaban. Gawker, Politico.com, NiemanLab y numerosos medios se hicieron eco de esta decisión de Twitter y del inmediato cierre de Politwoops. Incluso Europa Press recogió la noticia aquí, así que desde Civio preguntamos a Twitter España para salir de dudas y saber si este cambio de condiciones podría afectar a DigoDiego.es a corto, medio o largo plazo. Como aún no nos han respondido y la inseguridad permanece, valorando el proyecto en conjunto, hemos decido matar DigoDiego.es.

Nos despedimos de DigoDiego.es recordando algunos de los borrados más curiosos: los momentos evocadores de González Pons y su tendencia a la ensoñación y al lirismo; el día que Eduardo Madina suprimió este tuit sobre las concertinas de Melilla, poco después de que circulase en la red una polémica fotografía de Griñán visitando la misma fábrica que las manufacturaba; la diputada popular que borraba tuits en los que criticaba a los policías que le habían multado; cómo detectamos gracias a DigoDiego.es que Ignacio González borraba viejos tuits en los que ponía EuroVegas y los Juegos Olímpicos de Madrid 2016 como “ejemplos del gran futuro de la Comunidad”… Todos esos tuits se perderán como… bueno, ya sabéis cómo termina la cita.

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